jueves, 29 de julio de 2021

Al otro lado del río

 


Hay gentes resistiendo al otro lado del río.


Hasta aquí llegan sus cánticos de amor y de guerra.


En los raíles el sufrimiento diamante.

En el chirriar de las vías el posible hundimiento.

En las libretas que no escribo el dolor infinito de mis hermanas.


Correspondencias del infierno.

No queremos entrar,

queremos salir.


¡Abrid puertas para los héroes!

¡Abrid puertas para las hermandades de la bondad!

¡Abrid puertas para el amor!


Pero dadles una espada,

una navaja, una pistola

a los esclavos que ya no tienen piedad.


Ellos que han sufrido las calamidades del averno 

han adquirido el derecho a la venganza.


Y que Dios nos asista

en el Nuevo Amanecer.


Y que los Ángeles cuiden

los umbrales de la Luz Pía.


Y que los demonios no abandonen

su arado con estiércol.


Todos somos necesarios

en el Nuevo Mundo.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

A la vida le agradezco

 


Vengo de una época

en que mi abuela

me llevaba con ella al monte

para que pastaran las vacas

y al huerto para regar;

y sacaba una zanahoria

de la tierra, la lavaba

en el pozo y me la daba

para que la comiera.


Quizás por eso me emociona

el discurrir del agua del río,

el vuelo majestuoso de las urracas,

los saludos locos de los perros

que leen mi aura

e incluso la bofetada del viento

que despierta cualquier ensimismamiento

que pueda provocarme absentismo

en mi caminar.


A la vida le agradezco muchas cosas

pues veo más fortuna que golpes

en mi biografía y los golpes los considero

parte del trato,

del recitar de mi cuerpo

en el pentagrama

de lo que me ha sido dado;

así que, puestas a admitir

ensanchamientos de entendederas,

los golpes me han enseñado

bastante más que las caricias,

aunque, por supuesto, los unos sin las otras

hubieran afeado el paisaje superficial.


A la vida le agradezco, por ejemplo,

tener pueblo, y no uno, sino tres.

Un privilegio que honra todas mis raíces.

Flariz de Monterrei, Santa Coloma de Gramenet

y Santa Maria de Palautordera

son lugares a los que volver

a tocar origen, historia, sintonía

con el refugio necesario

que impone a veces el vivir

por obligación y no por libertad de acción.


Le agradezco la familia

que me causó bondades y los traumas

que mi carácter precisaba

para encarar el camino en el que todavía

estoy y para el que sigo preparándome.


Le agradezco las amistades

que vinieron para quedarse

como manos con las que guiarse

en la oscuridad de los huecos del alma,

y las amistades que se fueron,

porque dejaron espacio para las nuevas

que van llegando.


Todo fluye y nada es eterno

hasta el traspaso.


Le agradezco las lecciones amargas

y todas mis experiencias malogradas

porque mi espíritu es navegante

que despliega sus velas

a partir de las tormentas.


Pero sobre todo a la vida le agradezco

despertar cada mañana

con el corazón henchido de esperanza

después de haberla perdido

durante mucho tiempo.


Por eso, amiga, amigo, lector, lectora,

tú que ahora recorres estos versos,

me permito la osadía de un consejo:


- Pase lo que pase, agradéceselo a la vida.

Si sobrevives, aprendes a vivir.



Santa Coloma de Gramenet, martes-miércoles, 17-18 de noviembre de 2020.



miércoles, 28 de octubre de 2020

Algún día despertarás

 


Han vuelto las rosas a crecer
en el jardín.
Sí, ya sé de sus espinas,
pero ¿acaso hay belleza
sin rastro de dolor?

Entra la vida por la ranura
de la ventana
y hoy el trinar de los pájaros
llega desde los cables
donde están posados,
parlamentando.

Fuera, en el otro lado,
hay un mundo que se derrumba.

Morir forma parte del trato.

¿A quién se le ocurrió
soñar con la eternidad
sempiterna de la materia?

Si para ti Dios no existe,
si no ves el milagro entre las flores y el detritus,
si las montañas no las cantas sagradas,
si la venda que llevas en el alma no te deja respirar,
si el miedo agita tu monstruo,
no importa;
aquí o allá, 
algún día
despertarás.

Pon tu mano en el tallo de la rosa
y aprieta con fuerza.

viernes, 5 de junio de 2020

Confiemos



Hay versos que tal vez ya no pueden ser,
como si el mundo hubiera dado
un vuelco tan grande
que hubiera borrado de la faz de la Tierra
algunas voluntades.
Son versos que quedarán en la estela
de lo ignoto.
De lo que aspiramos un día a explicar
pero Dios decidió que siguiera
en riguroso misterio.
Sí, algunos diréis: pero si Dios murió.
Otros lloraréis todavía compungidos
por el maremoto mortal de las Furias:
pero si Dios agoniza.
Y sin embargo somos un legado.
Cada uno con su mensaje.
Cada uno con su misión.
Puede que ahí resida la semilla
de la poesía que vamos a necesitar
para seguir caminando.
Confiemos.

jueves, 21 de mayo de 2020

Instrucciones para caminantes




Nunca ir por ir.
Siempre ir por alguna razón de Bien Superior.
Despedirse antes conviene, por si acaso.
Rezar a Dios o a tus creencias es del todo prioritario.
Pedir ayuda a los ancestros 
de éste y de los otros mundos.
Una vez iniciados los primeros pasos
seguir hasta que las señales más sencillas
y en código propio lo indiquen.
Procurar no mirar atrás
a no ser que sea gesto espontáneo
o no quede más remedio.
Escuchar el miedo pero no dejarse vencer
por él.
Preferiblemente mirar con los ojos del corazón
y sentir con el latir del espíritu.
No dejarse impresionar por estéticas ajenas
a las propias: cada mundo responde a las líneas
culturales que lo gobiernan.
En la encrucijada escuchar bien a la niña interior.
Ella sabe sin saber.
Si hay dudas sobre las visiones, encomendarse 
al destino, cerrar los ojos y dejar que el cuerpo
o su representación responda.
Cantar, bailar, permanecer en silencio y contarnos
a nosotros, a nosotras mismas ayuda en los momentos
difíciles.
Si se pierde la esperanza pedir fe al apoyo del universo:
- Siempre hay alguien que escucha en secreto.
Al regresar, sea corto o largo el viaje realizado,
dar testimonio a alguien de confianza.
Somos una cadena aunque a veces
se interrumpa. 
Solo así las enseñanzas sagradas adquiridas
tienen una oportunidad de llegar
a este lado de las cosas.


(*) Foto de un amanecer durante El Camino 2016.

miércoles, 1 de enero de 2020

2020



Que tus rosas crezcan con espinas brillantes.
Que el frío del invierno te despierte.
Que tus pies descalzos sean brújula y estación.
Que las canciones que inventas den consuelo al dolor del mundo.
Que en la dicha y en el sosiego encuentres un rostro divino.
Que nunca pierdas el sentido del humor y del horror.
Que tus pupilas y tu pecho se adentren en el amanecer de cada día.
Que sigas la estela de alguna esperanza, incluso en la ceguera.
Que el amor en cada gota te sea afín.
Que tus desvíos sean parte del camino.
Que te palpes con entrega.
Que te fundas con el horizonte en las horas llagadas del desarraigo.
Que tu vaso y tu plato tengan mesa a la que asirse.
Que tus deseos se reescriban en versos.
Que no te comprometas en vano.
Que la lluvia te ayude a aceptar el sin sentido.
Que la amistad colme tu errar en la Tierra.
Que los ríos de la conciencia limpien tu culpa.
Que compongas un rezo que amaine la tormenta.
Que la inocencia nunca te sea ajena.

#FelizYPróspero2020 #NuevaDécadaNuevosHorizontesNuevasEsperanzas


lunes, 18 de noviembre de 2019

Lo que es, lo que está siendo




Nadie te prepara para lo que está siendo,
sino para lo que iba a ser.
Por ese caminito, en sus márgenes,
es donde van quedando las tumbas
de algunas ilusiones
-se lo merecen por decepcionantes-
y ciertas esperanzas
-me dan algo de pena,
parecían más sinceras.
El ahora puede con todo.
Es el invierno de la verdad,
perdidas definitivamente
las gafitas de ver bonito;
toca ver de cara, ausente
el maquillaje de antiguas revoluciones,
para abrazar la caligrafía
que presenta la vida
una vez se ha despojado
de brillos deslumbrantes y símbolos
de victoria con cima.
Por eso sé que tú y yo
somos el bosque que abre
el escenario de los cuentos
imprescindibles.
Porque sí, de todo hace ya más
de quince, veinte años, pero
seguimos sin poder vivir
ausentes de literatura.
Cualquier clase de amor
la necesita.