lunes, 5 de noviembre de 2018

La vida soñada





Era la época de los sueños
grandes y ligeros
como las plumas
de la inmortalidad.

Era la época de la invulnerabilidad
cuando nuestros cuerpos
retaban la magnanimidad
de los dioses.

Era la época de la eternidad
más elevada que los versos
de lxs poetas
más incólumes que el despertar
de las musas.

Era entonces la época
de la luz provocada
por incendios de almas
tendidas al sol de la iluminación.

Ardí con la voluptuosidad
de un brote de primavera
y mis alas se extendieron
hasta traspasar el límite
de almohadas y umbrales
escritos por otros seres
en el firmamento 
de lo inalcanzable.

¡Ah, qué hermosura
disipándose en el borde
de unas gotas de lluvia
y renaciendo cada mañana!

Después tuve que regresar.
Las calles de Nueva York
recién salidas de una vida soñada
fueron mis testigos.

Nada volvió a ser igual.
Nada es igual.
Ahora todo queda lejos.
He ido siendo otra
a través de mí misma.

Esta mañana muere
esa nostalgia.
Esta mañana nace
una hoja nueva.

Caen murmullos.

(*) Fotografía con Àngels Aymar y Laura Freijo en Nueva York en mayo de 2001 durante el Ir Intercanvi Internacional d'Autores promovido por Projecte VACA. Presentaron Magnolia cafè y La vida soñada, respectivamente, en la Sala The Players.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Elevarse al infinito



A todas aquellas personas con las que he sentido  
que me elevaba, o podía elevarme al infinito. 
Con gratitud.

Elévate en la dimensión 
de lo desconocido
y ofrece el fruto de tu caminar
desde los márgenes del río.

Sé elegante en tu paso,
firme en el latir de tu corazón,
no dejes pasar la ocasión
de entregar la sal al herido
y la palabra al umbrío.

Procura el silencio
en los ratos íntimos
y alégrate siempre del cobijo
de tu sombra.

Ten en cuenta que al final
lo efímero es olvido
y todo pasa y nada queda
mas nuestro destino
es pasar.

Sé magnífico. Magnífica.
Sé sublime.
Sé imperfecto.
Inténtalo siempre. Hazlo.
Sé todo lo humilde que la vida
te permita.
Elude eso sí la falsa modestia.

Un día, sin previo aviso,
el espejo te devolverá el rostro
de un anciano, de una anciana.
Entonces sabrás por tus arrugas
y su profundidad
si valió la juventud la dicha la pena
el dolor la navegación en alta mar.

Quizás en ese momento
tu mirada contenga el mundo
y al cerrar los ojos
todo lo que fuiste, lo que somos,
alcance la transcendencia
-la transparencia-
del aliento que se va.

Por eso. Por tanto.
Vive ahora.
Vive siempre.
Elévate al infinito.

(*) Sed magníficos, sed sublimes... Del final de la obra Notre Innocence, de Wajdi Mouawad que me llega a través de mi querida amiga y maestra Consuelo Trujillo, siempre inspiradora.

lunes, 2 de julio de 2018

AMARGURA DE TROPELES CELESTES




Sin entender la amargura
bebí licor de cerezas.

El cielo abría su zenit
a rayos y relámpagos.

Se cuenta que Caín
todavía remataba a Abel.

La lava de los volcanes
fulgía en el horizonte
mientras los incendios 
devoraban bosques
y alimañas.

Sin entender la amargura
bebí en la tinaja de la ignorancia 
recitando una plegaria
que calmara a enfermos,
tullidos y otros lisiados
de cuerpo y alma.

Todavía no era la guerra.
Todavía no y no hizo falta.
Dios envió su ejército 
y nuestros ojos se rindieron
al estruendo.

Sin entender la amargura
todo sabía a la amarga
ceniza del tiempo sacrificado.

Ahora miro atrás 
y aquellas huellas 
llevan el nombre
de una advertencia:

- Para volver a empezar 
es necesario saber finalizar.

Suerte del viento
que todo lo oxigenó 
y ayudó a los Ángeles
en la árdua tarea
de abrillantar bondades 
que compensaron 
la zafiedad reinante.

Se cuenta que Caín
está arrepentido
y Abel ha revivido.

(*) Dibujo 'Envidia' de Gertrudis Losada Alva.

sábado, 23 de junio de 2018

Bajé a las catacumbas




Bajé a las catacumbas 
del curso y del discurso 
de los pobres 
y le vi las costuras 
al cielo de la tormenta.

¿Acaso tenía otra opción
en el palpitar de la noche
eléctrica, oscura,
que descender
a los infiernos de la aurora?

Ahora se vislumbra
la música de un arpa 
sedienta de lago
mientras los nenúfares 
se balancean en las orillas 
y los niños ríen las bromas 
de sus cuidadoras.

Quizás todo siga igual 
-o muy parecido-
pero los rizos versátiles
de los puentes y los días 
amanecen ya calmos.

Quizás el viento se atreve
a susurrar un 
todavía no está
todo en su sitio,
todavía queda la espera,
pero el cubrecamas de la mañana
anuncia bienvenida y sol.

Por eso mejor lo cotidiano.
Lo cotidiano y el recuerdo
de lo que fue 
para estar prevenida
ante la formación
de la borrasca y el advenimiento
de un nuevo granizo.

El devenir es alternancia
y el sueño de un masai
con capa roja sagrada.

(*) Dibujo de Gertrudis Losada Alva.

sábado, 16 de junio de 2018

La tumba del sueño



La tumba del sueño
se precipita
sobre los hombros
vencidos del día.

¿Cuándo fuimos más vulnerables
que en el crepúsculo 
del engendrar ilusiones?

Por eso las podamos
y luego trituramos su savia,
para regar los campos
de la incertidumbre.

Vendrán luego las siembras
capitales que abren la Tierra
a fortalecer tus entrañas
y almidonar sus frutos.

Caer es solo la primera parte
del trato.

Cuando la esperanza crezca
hacia el núcleo y su sombra
sea bosque estaremos
en disposición de reiniciar
las diferentes etapas 
del Camino.

Date tiempo.
Ya sabes que tiempo
es una palabra inabarcable.
Por tanto, deja de pretender.

Hazte cobijo
y serás refugio
en la mañana.

Sol, luna y lluvia
ya se turnan en sus elocuencias.

Dales margen pero no permitas
que te dominen sus influjos.

Los pastos son tan anchos
como el cauce del río 
que abre la vida
a la tumba del sueño.

Sobre los hombros vencidos
del día, sí, sobre esos hombros.





martes, 5 de junio de 2018

No basta




No basta con ser sabio y tener conocimientos.

No basta...

Se precisa conexión con la fuente
y entrega leal al momento.

Una determinación poco corriente
además de flexibilidad de rodillas
y fortaleza de corazón.

No, no basta ser sabio y tener conocimientos 
para alcanzar
las cimas de las encrucijadas
y aliviar las llagas
de los pobres y humildes,
de los débiles y necesitados,
de los quebradizos y lagrimeantes
de espíritu.

Para lograr la cúspide
del círculo 
es preciso
alternar la ceguera de alma
con la intuición de la brisa.

También va bien saber escuchar
el murmullo de los ríos al despertar
y la cadencia del viento
durante el crepúsculo,
sobre todo si se aproxima
la lluvia.

Y después de todo,
cerca del final del periplo,
poner una rosa
en el centro,
una gota de sangre seca
en los arcos de las entradas
y esperar a que los ángeles
batan sus alas en señal
de buenaventuranza.

Eso es.

Confiad más en el latido
de la bruma de un corazón
-incluso herido, incluso rabioso-
que en la sabiduría
de un conocimiento triste,
decadente.

Dios nos bendiga
en la puerta del Sol
y la Luna guíe
la siembra de nuestros pasos.

miércoles, 11 de abril de 2018

Casandra



Soy la que ve.
Más allá de lo obvio.
Lo obvio en sí.
La cosa y su representación.
Su símbolo y la señal.
Todas las posibilidades.
La única realidad.
Lo que es y lo que será.
Sus otras consecuencias
y dimensiones.
Sigo siempre la visión
que se manifiesta.
A su llegada,
la profecía,
penetra en mí
como la enseñanza
en el sabio.
La carne se abre,
recibe.
La sangre lee
y discurre.
La mirada sueña
la imagen y ya todo 
lo sabe
para ignorarlo.
Ese es mi don.
Ese es mi reto.
Saber para ignorar.
Silencio que se funde
en el futuro.
Con el tiempo
he aprendido
que solo la llegada
de lo inevitable
puede generar
conciencia.
Por eso callo,
por eso y por los ángeles
de los diferentes
que abren sus almas
sin rencor.

(*) Dibujo de Gertrudis Losada Alva.