jueves, 8 de agosto de 2019

Al alba




Los lobos aúllan
en la cueva del tiempo
y marcan el compás
del crepúsculo.
El bosque se abre
para las niñas perdidas
y las brujas preparan
sus akelarres.
No hay miedo ahí.
El miedo ha desaparecido.
Solo frondosidad.
Solo clorofila fresca
y rocío de la mañana.
Un viajero lleva una carta.
Pasará.
No escuchará las sirenas
del lago porque saben 
que el mensaje debe llegar.
Hay mensajes pequeños
que salvan mundos.
Nosotras aquí lo sabemos
por eso rezamos el Angelus
cada alba.
Por eso las sirenas callarán.

miércoles, 31 de julio de 2019

Camino del horizonte




Salimos a la orilla del mar
como se sale a la noche oscura:
sigilosos y expectantes.

El mar estaba calmo.
El cielo plagado de estrellas.

-Mira, la osa mayor -dijiste.

Pero yo era incapaz de ver.
Era mi época de ciega.

¿La recuerdas?

Tú eras mis ojos, mis manos, mi luz 
y mi cobijo.

Las olas nos mordían la punta de los pies.

Entonces te lanzaste y yo te vi alejarte
hacia el sol que nacía en nuestros adentros.

No fue un espejismo.
No fue una alucinación.
Fue el perfil del mar calmo roto por tus brazos
abriéndose paso al infinito.

Nunca te he amado tanto como entonces.

Ni ahora, en esta silla desgastada por el tiempo
en la que sigo esperando tu regreso.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

EN UN INSTANTE




Pasa lo que pasa
y seguimos viviendo.
Como si tras los escombros
o las glorias alcanzadas
no hubiera más
que el tiempo
de una brida desbocada
por la necesidad 
de persistir.

Y a veces cuesta cruzar
los puentes, 
reposar en los muros
y sembrar los páramos
pues todo está plagado
de conciencias enmarañadas.

Un instante estamos
y en otro desaparecemos
mientras confiamos
en estelas invisibles
que se aseguran
de las continuidades.

Ahora solo cabe
una pregunta:
¿por cuánto tiempo 
lograremos permanecer?

A Dios le pido
la dignidad de un final
limpio.

Que el dolor derramado
sea suficiente.

Que la trascendencia
de nuestras cumbres
nos salve de la miseria
de nuestros holocaustos.

Hágase la luz
en el silencio
y la obscuridad
en el abrigo de los árboles.

Hágase o deshágase
según el canto
de la vida 
que nos sobreviva.

lunes, 5 de noviembre de 2018

La vida soñada





Era la época de los sueños
grandes y ligeros
como las plumas
de la inmortalidad.

Era la época de la invulnerabilidad
cuando nuestros cuerpos
retaban la magnanimidad
de los dioses.

Era la época de la eternidad
más elevada que los versos
de lxs poetas
más incólumes que el despertar
de las musas.

Era entonces la época
de la luz provocada
por incendios de almas
tendidas al sol de la iluminación.

Ardí con la voluptuosidad
de un brote de primavera
y mis alas se extendieron
hasta traspasar el límite
de almohadas y umbrales
escritos por otros seres
en el firmamento 
de lo inalcanzable.

¡Ah, qué hermosura
disipándose en el borde
de unas gotas de lluvia
y renaciendo cada mañana!

Después tuve que regresar.
Las calles de Nueva York
recién salidas de una vida soñada
fueron mis testigos.

Nada volvió a ser igual.
Nada es igual.
Ahora todo queda lejos.
He ido siendo otra
a través de mí misma.

Esta mañana muere
esa nostalgia.
Esta mañana nace
una hoja nueva.

Caen murmullos.

(*) Fotografía con Àngels Aymar y Laura Freijo en Nueva York en mayo de 2001 durante el Ir Intercanvi Internacional d'Autores promovido por Projecte VACA. Presentaron Magnolia cafè y La vida soñada, respectivamente, en la Sala The Players.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Elevarse al infinito



A todas aquellas personas con las que he sentido  
que me elevaba, o podía elevarme al infinito. 
Con gratitud.

Elévate en la dimensión 
de lo desconocido
y ofrece el fruto de tu caminar
desde los márgenes del río.

Sé elegante en tu paso,
firme en el latir de tu corazón,
no dejes pasar la ocasión
de entregar la sal al herido
y la palabra al umbrío.

Procura el silencio
en los ratos íntimos
y alégrate siempre del cobijo
de tu sombra.

Ten en cuenta que al final
lo efímero es olvido
y todo pasa y nada queda
mas nuestro destino
es pasar.

Sé magnífico. Magnífica.
Sé sublime.
Sé imperfecto.
Inténtalo siempre. Hazlo.
Sé todo lo humilde que la vida
te permita.
Elude eso sí la falsa modestia.

Un día, sin previo aviso,
el espejo te devolverá el rostro
de un anciano, de una anciana.
Entonces sabrás por tus arrugas
y su profundidad
si valió la juventud la dicha la pena
el dolor la navegación en alta mar.

Quizás en ese momento
tu mirada contenga el mundo
y al cerrar los ojos
todo lo que fuiste, lo que somos,
alcance la transcendencia
-la transparencia-
del aliento que se va.

Por eso. Por tanto.
Vive ahora.
Vive siempre.
Elévate al infinito.

(*) Sed magníficos, sed sublimes... Del final de la obra Notre Innocence, de Wajdi Mouawad que me llega a través de mi querida amiga y maestra Consuelo Trujillo, siempre inspiradora.

lunes, 2 de julio de 2018

AMARGURA DE TROPELES CELESTES




Sin entender la amargura
bebí licor de cerezas.

El cielo abría su zenit
a rayos y relámpagos.

Se cuenta que Caín
todavía remataba a Abel.

La lava de los volcanes
fulgía en el horizonte
mientras los incendios 
devoraban bosques
y alimañas.

Sin entender la amargura
bebí en la tinaja de la ignorancia 
recitando una plegaria
que calmara a enfermos,
tullidos y otros lisiados
de cuerpo y alma.

Todavía no era la guerra.
Todavía no y no hizo falta.
Dios envió su ejército 
y nuestros ojos se rindieron
al estruendo.

Sin entender la amargura
todo sabía a la amarga
ceniza del tiempo sacrificado.

Ahora miro atrás 
y aquellas huellas 
llevan el nombre
de una advertencia:

- Para volver a empezar 
es necesario saber finalizar.

Suerte del viento
que todo lo oxigenó 
y ayudó a los Ángeles
en la árdua tarea
de abrillantar bondades 
que compensaron 
la zafiedad reinante.

Se cuenta que Caín
está arrepentido
y Abel ha revivido.

(*) Dibujo 'Envidia' de Gertrudis Losada Alva.

sábado, 23 de junio de 2018

Bajé a las catacumbas




Bajé a las catacumbas 
del curso y del discurso 
de los pobres 
y le vi las costuras 
al cielo de la tormenta.

¿Acaso tenía otra opción
en el palpitar de la noche
eléctrica, oscura,
que descender
a los infiernos de la aurora?

Ahora se vislumbra
la música de un arpa 
sedienta de lago
mientras los nenúfares 
se balancean en las orillas 
y los niños ríen las bromas 
de sus cuidadoras.

Quizás todo siga igual 
-o muy parecido-
pero los rizos versátiles
de los puentes y los días 
amanecen ya calmos.

Quizás el viento se atreve
a susurrar un 
todavía no está
todo en su sitio,
todavía queda la espera,
pero el cubrecamas de la mañana
anuncia bienvenida y sol.

Por eso mejor lo cotidiano.
Lo cotidiano y el recuerdo
de lo que fue 
para estar prevenida
ante la formación
de la borrasca y el advenimiento
de un nuevo granizo.

El devenir es alternancia
y el sueño de un masai
con capa roja sagrada.

(*) Dibujo de Gertrudis Losada Alva.